
Roger Federer, el número dos del mundo, ya espera a Rafael Nadal o Fernando Verdasco en la final del Abierto de Australia. No está mal para un tenista supuestamente perdido, fuera de forma y en crisis: defenestrado por el mallorquín del trono del número uno, Federer lleva cuatro finales de torneos grandes seguidas, con el título del Abierto de Estados Unidos cobrado, y el del Abierto de Australia aún en perspectiva. El suizo se presenta a la discusión cargado de argumentos, libre del peso de la púrpura y sin muchos lamentos. Ahí está el testimonio del estadounidense Andy Roddick (6-2, 7-5 y 7-5), de nuevo superado, empequeñecido y hasta en cierto punto ridiculizado por Federer. El chico luchó lo indecible, y simplemente no pudo. Federer, de nuevo un gigante, luchará en la final por igualar el récord de 14 grandes de Pete Sampras.
